martes, 10 de mayo de 2011

SOMOS LIBRES REALMENTE? VIVIMOS EN UN MUNDO LIBRE?

Estamos viviendo en una sociedad de vacío, hemos creado un mundo que no refleja nuestra esencia misma, donde lo material prima sobre el ser humano. Esto ha creado un vacío muy profundo en nuestro verdadero ser, nuestro espíritu infinito. Estamos encerrados en una prisión que no podemos ver, pero que nos empuja inexorablemente al vacio de la nada, perdimos nuestra identidad y este sistema decadente no nos determina quienes somos realmente, no expresa nuestra pureza universal. Esto ha provocado que no podamos sentir nuestro reflejo, nuestra belleza espiritual; nos sentimos perdidos y solos, no vemos la verdad de nuestro ser, por eso cada vez las personas sienten la necesidad de salir de esta realidad, no soportan la soledad, se dan cuenta de que la felicidad superficial y material, no deja nada, solo vacio e indiferencia. No es culpa de la soledad en sí misma, es el resultado de alimentar a nuestro ser de cosas vacías y sin profundidad espiritual. Este mundo se ha convertido en un  círculo vicioso de sufrimiento y superficialidad. La sociedad misma nos empuja a ello con sus esquemas de esclavitud, con la excusa de un vivir mejor, de una felicidad pasajera y vacía. Es esa prisión invisible que nos atrapa y nos aleja de nuestra naturaleza de amor y luz. De la armonía que enriquece a nuestro ser. Y esto es algo que nos afecta desde nuestro nacimiento, donde siempre se busca el predeterminar nuestros deseos y gustos, donde la sociedad decide por nosotros que es lo mejor para nuestra vida y como alcanzarlo, esclavizándonos nosotros mismos, limitando nuestra evolución espiritual, no tenemos  la oportunidad a que descubramos por nosotros mismos nuestras necesidades, todo es impuesto y predeterminado.
Siempre se cree saber que es lo mejor para los demás, sin preguntarnos qué es lo que queremos realmente para nosotros mismos, no será que nos da miedo expresar nuestro verdadero ser, nos preocupa el ser diferentes, el ser libres de verdad, de romper los barrotes de esta absurda prisión, reconocer que somos un todo y ese todo no tiene límites, que podemos expresarnos como seres de felicidad infinita, no reducirnos a una lucha por algo que hace parte de nosotros mismos, la felicidad plena, la expresión pura de nuestro ser de luz.

jmgp


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